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Labios Rojos capítulo 2

Escrito por Rick-roquea el Lunes 21 de Julio de 2008 a las 10:57 PM

Había tenido mucho trabajo por los clientes con los que previamente tenía citas programadas, un día realmente complicado, en el celular no dejaba de sonar el tono que me indicaba llamadas y mensajes, era ella, todo el día recibí sus mensajes y sus llamadas, pero no tuve tiempo para contestar, me consternaba, me era difícil imaginar que realmente necesitara de mi con tanta vehemencia, era bien sabido por mi que ella no me necesitaba tan urgentemente, y también era bien sabido por mi el asunto que originó todo.

El día que hablamos y me contó (parcialmente) lo que la alteraba sobremanera, estaba yo más entusiasmado por tenerla cerca que por lo que realmente me tenía que decir, y en cierta manera, lo que me había dicho lo dejé en un segundo plano, muy distante de mis pensamientos, ahora que hago un recuento, me doy cuenta de la importancia de lo que ella me había confiado.

En cuanto llegó la media noche, mi cuerpo pedía a gritos un descanso, mis párpados parecían de piedra, sumamente pesados y cansados, mis ojos se cerraban y mis extremidades no respondían ya al llamado de mis neuronas. El cansancio me estaba comiendo, llegué a casa y encontré varios mensajes de voz en el teléfono, ya sabía de quién, así que no les presté atención, me limité a quitarme la estorbosa corbata que para ese momento ya sentía tan apretada como una soga en el cuello, botar mis zapatos que sentía parte de mis pies, y dejar de lado el estúpido traje gris que durante todo el día me mantenía maniatado, me liberaba por fin de ese día.

En boxers únicamente me acerqué a la cama, sonó el teléfono, mi cabeza daba órdenes directas, -A la cama ¡ya!- pero el corazón hacía caso omiso, y el cuerpo simplemente no respondía a indicación alguna.

No podría decir en qué momento me quedé dormido, desperté al día siguiente, en cuanto los rayos del sol comenzaron a incorporarse a mi habitación y me rozaron el rostro. Me levanté sobresaltado, pensando en el último sonido que emitió mi teléfono, al cual no acudí ¿o sí?.

Trataba de recordar si había contestado el teléfono ¿era ella? Si era el caso ¿de qué habíamos hablado? ¿cual era el asunto por el cual trató de comunicarse conmigo durante todo el día? Me sentía mal, porqué no recordaba nada ¿y si había charlado con ella y me había comentado algo trágico? Simplemente no podía recordar...

Caminé hacia el baño, una ducha me haría sentir mejor, las duchas tienen ese efecto en mí.

Mientras me duchaba tuve un momento de revelación, por un momento sentí que la llamada sí había sido realizada, que ella trató de contactarme durante todo el día porque le había sucedido algo inesperado, un sujeto al parecer la había estado siguiendo por toda la ciudad mientras ella realizaba las citas que su trabajo demandaba, que incluso durante la noche él se había mantenido muy cerca de la casa de ella, me pedía que fuera a su casa para que el sujeto notara la presencia de alguien más a ver si de esa manera se alejaba. Todo estaba muy confuso, no sé si era verdad lo que mi mente divagaba o si realmente había tenido esa conversación, muy probablemente era el estrés, me repetía a mi mismo una y otra vez que esa llamada no podía ser verdadera, no podía haber sucedido, pues no creía posible que yo no le hubiese ayudado, simplemente no estaba dentro de mis cualidades el dejar en peligro a alguien (y mucho menos a ella) si tenía los medios para evitarlo.

Sonó el teléfono...
Corrí, enredado en una toalla, tropezando con ella casi a punto de caer, llegué al teléfono, lo tomé, puse el auricular en mi oído y esperaba que una cálida voz de mujer contestara -la de ella precisamente-, no fue así.

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Labios Rojos

Escrito por Rick-roquea el Jueves 17 de Julio de 2008 a las 11:18 PM

Me he dado cuenta que mi ausencia por estos lares no causó la mínima pizca de controversia jojo, y muchos toqueteros me han olvidado, pues bien, siendo así, regreso y presento mi primer post aquí (alguna vez alguién me recriminó por que entré en una discusión y me dijo 'tu ni posteas aquí' prrrt), como sea, me conocen, soy Rick pa'los cuates, roquea para los que no lo son, aunque no lo crean no chocheo (como muchos creen), soy ,muy afable y buen amigo, colaboro en varios blogs de compañeros toqueteros.
Y sin más preámbulos, Labios Rojos, un relato para disfrute de la audiencia.

Esto pasó hace seis días, le llamé por teléfono, su voz tenía cierto aire melancólico, sonaba mucho como aquella vez que me contó cuando su último novio la dejó por irse con su mejor amiga, traté de darle consuelo, buscando alegrías que no permitía, de alguna forma intuí que esta vez su dolor no provenía de una relación fallida.
Concertamos una cita, nos veríamos al día siguente en un café de un Sanborns cercano a su casa, no sé porqué, pero siempre que llegábamos a ese lugar me daba la impresión de que alguién más iba con nosotros, llegamos puntuales, a las dos de la tarde, primero llegué yo y después ella, traía suelto su rojizo cabello, lentes oscuros, un traje sastre gris y unas zapatillas negras muy altas, en cuanto me vió se dibujó una mueca en su cara que no sabría describir, en realidad no sabía si se sentía alegre de verme o sentía algún tipo de pesadez por el encuentro.
Me aproximé hacia ella y nos saludamos con un beso en la mejilla, ella no se quitó las gafas.
Entramos en el café y pedimos agua.
Comenzamos con las cordialidades, ¿qué haz estado haciendo últimamente? ¿a qué te dedicas? y demás. En un punto de la conversación ella dijo que no aguantaba más, se sentía sola, angustiada y con remordimientos, ¿remordimientos? ¿porqué? pregunté. Aquí no, dijo ella con una voz que se quebraba más y más conforme pronunciaba palabra alguna.
Salimos, caminamos hacia su casa durante el trayecto me dediqué a mirarle, podía sentir que algo no estaba bien en ella, y aún así, se veía esplendorosa, su cabello rojo siempre me había hecho babear, su forma de caminar tan distinguida, la forma de cotonearse mirando la calle de reojo sobre los lentes ligéramente inclinados, y ése aire de ejecutiva que le daba su traje, me hipnotizaba.
No sabría decir cuando fué que nos tardamos en llegar a su casa, regularmente caminamos cinco minutos desde el café hasta allá, sin embargo podría jurar que para ella pasó más de una década y para mí no más de unos segundos.
En la puerta de su casa se detuvo a sacar sus llaves de su diminuto bolso de mano, entramos y me pidió que por favor tomara asiento, lo hice, ella fué a la cocina, dijo que sentía la boca seca y me invitó un trago, por supuesto que acepté.
Tardó más de cinco minutos había aprovechado para quitarse su traje, lo cambió por unos jeans, pero se dejó su blanca blusa, solo la dejó por fuera de los jeans, y dejó por fin los lentes oscuros.
Regresaba con una actitud más relajada, podría haber sido por la indumentaria, caminando descalza y cargando las copas.
Buen vino tinto el que me ofreció, en cuantiosas ocasiones había estado en esa misma sala y me había ofrecido vino, sin embargo podría jurar que siempre que probaba su vino me sabía diferente.
Le dije que se veía mucho más relajada, me contestó que era por las zapatillas, que ya no las aguantaba y que por eso subió a cambiarse, después, me comenzó a relatar su historia y el porqué de su llamada.
Salí de su casa como a las 6:00 pm, platicamos mucho y se quedó más tranquila quedamos de vernos al día siguiente, ella vería a un cliente cerca de donde yo vivo y yo no tenía mucho trabajo, decidimos que sería buena idea pasar a comer a algún restaurante cercano, a las 3 de la tarde estaría bien. Mis planes estaban hechos, iríamos a comer, charlaríamos, llegaríamos a mi casa y le confesaría de nuevo la atracción que me hace sentir, quizá llegaría más lejos y le robaría un beso, y una vez que ella aceptara iríamos hacia mi alcoba.
Llegó la hora, me dispuse a salir del despacho, los demás abogados no decían nada, yo hacia lo que quería y siempre salía temprano al terminar mi trabajo del día. Caminé hacia el restaurante, y la ví llegar, de nuevo ese aire de mujer de mundo.
Corrí para ayudarla a bajar de su auto, me miro y me sonrió, de nuevo nos saludamos con un beso en la mejilla, entramos en el recinto, ordenamos un corte y una ensalada, comimos, platicamos, bebimos y salimos a las 5, tuvimos mucho tiempo para platicar, subimos a su auto y llegamos a casa, la invité a pasar, ella se negó, mis planes se me escapaban de las manos, intenté todo cuanto estuvo a mi alcance para que pasara y se negó, de la forma más fría se negaba.
Tuve que dormir solo esa noche.
Al día siguente me volvío a marcar, me encontraba trabajando, esta vez tenía muchos pendientes, dos de mis clientes estaban en un largo proceso y al día siguiente tendría una junta con ellos. Ella insistía en verme, era en relación con el asunto que tratamos dos días antes en el café.

Saludirijillos.
RB

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